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viernes, 8 de mayo de 2009

Introducción

Los hijos pertenecen a sus madres, y por ende al hombre le queda muy poco por hacer, en todo caso solo le resta hacer lo que mejor sabe, aquello que por instinto natural le es dado; poner la semilla.

La propuesta de Ella consistía en que Él pusiera la semilla en su interior; fuera el semental, el detonador de vida; eso y nada más. 

Escogido por los rasgos delicados y agradables de su rostro, así como una mente brillante, ELLA sentía que ÉL podía dar buena descendencia, solo tenía que hacer lo único que gusta hacer a los hombres… copular; ni siquiera se le pedían sofisticados preámbulos conquistadores, juegos sexuales extremos o algo que implicara un esfuerzo mas allá de tener una erección satisfactoria y una eyaculación cargada de buenos y hábiles espermatozoides.

ELLA, estaba convencida de que no se necesita una “figura paterna” o “papá presente” de tiempo completo para garantizar la estabilidad emocional y el buen desarrollo de su prole. El instinto maternal es suficiente para guiar un retoño por buen camino --decía-.

Por otro lado, ÉL, sabía que los hombres soportaban mal la presión de ser “civilizados” por tiempos prolongados en pareja- la testosterona nos traiciona- pensaba a menudo. 

      La vida en pareja, representa para el hombre, retos que muy frecuentemente    

      lo rebasan y es que a pesar de tantos años de civilidad y culturización de los

      sentimientos; los instintos animales siguen ahí para recordarnos el vínculo con   

      NUESTRA NATURALEZA ANIMAL

A continuación se narra la historia real de Ekseks, Eksuae y Leo ( un león del Ngorongoro

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